Donnerstag, 4. August 2016

Narnia (parte I)


De niña me encantaba leer las crónicas de Narnia y tengo que admitir que todavía me gusta mucho. Me gusta la manera de escribir de C. S. Lewis (un buen amigo de Tolkien, otro autor que me encanta). Por eso decidí traducir parte del primer libro "el sobrino del mago":


Esta historia trata de hechos que sucedieron hace mucho, mucho tiempo. Es una historia de máxima importancia porque explica como en realidad empezó toda esa interacción entre nuestro mundo y el país Narnia. En estos días Sherlock Holmes todavía vivía en la Baker Street en Londres, siendo niño cada día tenías que llevar un cuello duro y las escuelas generalmente eran más horribles que hoy en día. Sin embargo, la comida era mejor y ni os cuento lo poco que costaban y lo bueno que eran los chuches porque si no se os haría la boca agua. Y en estos días vivía en Londres una chica que se llamaba Polly Plummer.

Vivía en una larga hilera de casas. Una mañana estaba en el jardín cuando del jardin del vecino vino trepado al muro un niño que estiró la cabeza encima de ese muro. Polly se sorprendió porque hasta entonces ningún niño había vivido en la casa del vecino. Allí solo vivían el señor Ketterley, un viejo soltero, y su hermana, la señorita Ketterley, que tampoco estaba casada. Polly miró al niño con curiosidad.
Tenía una cara extraordinariamente sucia y tenía un aspecto de haber estado cavando en la tierra, llorando con abundancia y luego limpiando su cara con las manos. Y casi había sucedido de esa manera.
– Hola– empezó Polly.
– Hola– dijo el niño– ¿cómo te llamas?
– Polly– replicó Polly– ¿Y tú?
– Digory– respondió el niño.
– Dios mío! Que nombre más raro!– explamó Polly.
– Pues creo que es mucho menos raro que Polly– opinó Digory.
– Pues, claro que sí.
– No, no es verdad– dijo Digory.
– Pues, por lo menos me lavo la cara– continuó Polly– y a tí también te haría falta, sobre todo si …– pero en medio de la frase se paró. Había querido decir– … has estado llorando– pero entonces pensó que eso habría sido descortés. 
– Vale, y ¿qué pasa si he estado llorando?– dijo Digory en voz alta. Obviamente estaba tan triste que le daba igual si alguien se enterara de que había estado llorando– Tú también llorarías– continuó– si hubieras estado viviendo toda tu vida en el campo con tu propio poni y un riachuelo en tu jardín, y luego hubieras tenido que mudarte aquí a un agujero tan horrible.
– ¡Londres no es un agujero horrible!– protestó Polly indignadamente. Sin embargo, el niño estaba tan enojado que ni le hacía caso. Continuó:
– Y si tu padre estuviera en la India … y tuvieras que vivir con una tía y un tío que está loco y todo eso solo porque tuvieras que cuidar a tu madre y si tu madre estuviera enferma y … y … tuviera que morir– Y entonces torció la cara de manera muy rara como siempre pasa cuando uno intenta contener las lágrimas.
– No lo sabía. Lo siento – dijo Polly arrepentidamente. Como no sabía qué decir y quería cambiar el tema a algo más agradable, preguntó: 
– ¿Es verdad que el señor Ketterley está loco?
– Pues o está loco o algo misterioso está pasando.– explicó Digory– En la planta más alta está su oficina y la tía Letty me prohibió del todo entrar. Eso me parece extraordiariamente raro. Y luego hay otra cosa. Cada vez que quiere hablar conmigo durante la cena, con ella no habla nunca, ella le hace callar. Dice “No deberías darle miedo al niño, Andrew” o “Estoy segura de que a Digory no le interesa” o “¿No tienes ganas de salir y jugar en el jardín, Digory?”
– ¿Qué te quiere contar?
– No tengo ni idea. No llega tan lejos. Pero eso no es todo. Ayer por la noche caminando a mi habitación pasé por las escaleras que llevan a su oficina en el desván. Allí no me gusta pasar. Sí, y ayer por la noche escuché un grito allí, de eso estoy muy seguro.
– ¿A lo mejor encerró allí a su mujer loca?
– Sí, yo también tuve esa misma idea.
– ¿O a lo mejor se dedica al blanqueo del dinero?
– A lo mejor era pirata, como el hombre al principio de la isla de tesoro, y todavía se esconde de sus antiguos compañeros del barco.
– ¡Qué emocionante!– exclamó Polly– no sabía que tu casa era tan interesante!
– A tí a lo mejor te parece interesante, pero si tuvieras que dormir allí, entonces no te gustaría tanto. Qué te parece: ¿Estás tumbado en tu cama sin dormir y avanza tu tío Andrew a hurtadillas hacia tu cuarto? ¡Y encima tiene los ojos tan horribles!

Así es como Polly y Digory se conocieron; y como las vacaciones de verano acabaron de empezar y ninguno de los dos se iba de vacaciones al mar ese año, los dos se encontraban casi todos los días.









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