Dienstag, 16. August 2016

El Hobbit


Como ya dije en la última entrada: Me encanta Tolkien y todo lo que ha escrito. Una muestra de eso es el Hobbit.

Eine unvorhergesehene Gesellschaft 

In einer Höhle in der Erde, da lebte ein Hobbit. Nicht in einem schmutzigen, nassen Loch, in das die Enden von irgendwelchen Würmern herabbaumelten und das nach Schlamm und Moder roch. Auch nicht etwa in einer trockenen Kieshöhle, die so kahl war, daß man sich nicht einmal niedersetzen oder gemütlich frühstücken konnte. Es war eine Hobbithöhle, und das bedeutet Behaglichkeit. Diese Höhle hatte eine kreisrunde Tür wie ein Bullauge. Sie war grün gestrichen, und in der Mitte saß ein glänzend gelber Messingknopf. Die Tür führte zu einer röhrenförmig langen Halle, zu einer Art Tunnel, einem Tunnel mit getäfelten Wänden. Der Boden war mit Fliesen und Teppichen ausgelegt, es gab Stühle da von feinster Politur und an den Wänden Haken in Massen für Hüte und Mäntel, denn der Hobbit hatte Besucher sehr gern. Der Tunnel wand und wand sich, führte aber nicht tief ins Innere des Berges hinein, den alle Leute viele Meilen weit rund im Lande schlechthin "den Berg" nannten. Zahlreiche kleine, runde Türen öffneten sich zu diesem Tunnel, zunächst auf der einen Seite und dann auch auf der anderen. Treppen zu steigen brauchte der Hobbit nicht : Schlafräume, Badezimmer, Keller, Speisekammern (eine Masse von Speisekammern), Kleiderschränke (ganze Räume standen ausschließlich für die Unterbringung seiner Garderobe zur Verfügung), Küchen, Eßzimmer - alles lag an demselben langen Korridor. Die besten Zimmer lagen übrigens auf der linken Seite (wenn man hereinkommt), denn ausschließlich diese hatten Fenster, tiefgesetzte, runde Fenster, die hinaus auf den Garten blickten und über die Wiesen, die sich gemächlich hinab bis zum Fluß neigten. Dieser Hobbit war ein sehr wohlhabender Hobbit, und sein Name war Beutlin. Die Beutlins hatten seit undenklichen Zeiten in der Nachbarschaft des "Berges" gelebt, und die Leute hielten sie für außerordentlich achtbar - nicht nur weil die meisten der Beutlins reich, sondern weil sie noch nie in ein Abenteuer verstrickt gewesen waren und nie etwas Unvorhergesehenes getan hatten. Man konnte im voraus sagen, was ein Beutlin auf eine Frage antworten würde, ohne daß man sich die Mühe machen mußte, diese Frage wirklich zu stellen. Dies hier aber ist eine Geschichte von einem Beutlin, der trotzdem Abenteuer erlebte und sich selbst über völlig unvorhergesehene Fragen reden hörte. Vielleicht verlor er bei seinen Nachbarn an Ansehen, aber er gewann - nun, ihr werdet ja sehen, ob er am Ende überhaupt etwas gewann. Die Mutter unseres Hobbits - was ist eigentlich ein Hobbit? Ich glaube, daß die Hobbits heutzutage einer Beschreibung bedürfen, da sie selten geworden sind und scheu vor den "Großen Leuten", wie sie uns zu nennen pflegen. Sie sind (oder waren) ungefähr halb so groß wie wir und kleiner als die bärtigen Zwerge (sie tragen jedoch keine Bärte). Es ist wenig, sozusagen gar nichts von Zauberei an ihnen, ausgenommen die alltägliche Gabe, rasch und lautlos zu verschwinden, wenn großes dummes Volk wie du und ich angetapst kommt und Radau macht wie Elefanten, was sie übrigens eine Meile weit hören können. Sie neigen dazu, ein bißchen fett in der Magengegend zu werden. Sie kleiden sich in leuchtende Farben (hauptsächlich in Grün und Gelb). Schuhe kennen sie überhaupt nicht, denn an ihren Füßen wachsen natürliche, lederartige Sohlen und dickes, warmes, braunes Haar, ganz ähnlich wie das Zeug auf ihrem Kopf (das übrigens kraus ist). Die Hobbits haben lange, geschickte, braune Finger, gutmütige Gesichter, und sie lachen ein tiefes, saftiges Lachen (besonders nach den Mahlzeiten; Mittagessen halten sie zweimal am Tag, wenn sie es bekommen können). Nun, das sei vorerst genug, und wir wollen fortfahren.

Una companía inesperada

En un agujero en la Tierra vivía un Hobbit. No en un agujero sucio y húmedo, en el cual los extremos de algunos gusanos bamboleaban y que olía a barro y moho. Tampoco en algún agujero de grava que era tan frío que ni te podías sentar y desayunar tranquilamente. Era un agujero Hobbit y eso significaba comodidad.

Ese agujero tenía una puerta redonda como un ojo de buey. Era pintada de verde y en medio había un botón de latón verde y brillante. La puerta llevaba a un vestíbulo largo, como un túnel, un túnel con paredes revestidas. El suelo estaba cubierto de azulejos y alfombras, había sillas con un pulimento excelente y muchos ganchos en la pared para sombreros y abrigos porque al Hobbit le gustaba tener muchos visitantes. El túnel serpenteaba mucho sin llegar lejos al interior del monte, el cual fue llamado simplemente „el monte“ por todo el mundo en el entorno de muchas millas. Muchas puertas pequeñas y redondas se abrían a este túnel, primero en un lado y luego también en el otro. El Hobbit no tenía que montar escaleras: los dormitorios, baños, el sótano, las despensas (una gran cantidad de despensas), los armarios roperos (cuartos enteros estaban designados a la ropa), las cocinas, el comedor, todo estaba en un mismo pasillo. Las mejores habitaciones se encontraban a la izquierda (al entrar) porque solo esas tenían ventanas, ventanas bajas y redondas que dejaban ver el jardín y los prados que se inclinaban hacia el río.

Aquel Hobbit era un Hobbit bien acomodado y su nombre era Bolson. Los Bolsons habían estado viviendo desde tiempos inpensables en la vecindad del monte y la gente les consideraba extraordinariamente honrables, no solo porque la mayoría de los Bolsons eran ricos sino porque nunca habían estado metidos en aventuras y nunca habían hecho algo inesperado. Uno podía decir en antelación lo que un Bolson respondería a una pregunta sin hacer el esfuerzo de realmente preguntarlo. Esta, sin embargo, es una historia de un Bolson que aún así vivió aventuras y que se oyó a si mismo plantearse preguntas totalmente inesperadas. Quizás perdió prestigio con sus vecinos, pero ganó, bueno, ya veréis si al final en realidad ganó algo. 

La madre de nuestro Hobbit, ¿qué es un Hobbit realmente? Creo que hoy en día hay que describir a los Hobbits, ya que quedan pocos y se volvieron esquivos de la „gente grande“, como nos suelen llamar. Miden (o medían) la mitad de nosotros y son más pequeños que los enanos (sin embargo no tienen barba). Hay poco, por no decir nada de magia en ellos, descontando la habilidad de escaparse sin un sonido cuando algún gran pueblo torpe como tú y yo viene caminando y hace un ruido como un elefante, lo que por cierto, pueden escuchar por una milla. Tienden a ser gordos en la parte del estómago. Se visten de colores brillantes (sobre todo de verde y amarillo). No conocen zapatos porque en sus pies naturalmente crecen suelas que parecen de cuero y pelo espeso, cálido y moreno muy parecido a lo que llevan en la cabeza (que por cierto es rizado). Los Hobbits tienen unos dedos largos, hábiles y morenos, unos rostros bondadosos y tienen una risa profunda (especialemente después de las comidas; dos veces al día tienen la comida del mediodía si es posible). Bueno, eso es suficiente por ahora y queremos continuar.

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