Freitag, 19. August 2016

El médico


En esta entrada quiero poner mi traducción de una parte del médico de Noah Gordon. De verdad tengo que decir que ha sido muy difícil para mí y muchas veces he tenido que buscar las palabras en PONS. 

Der Teufel in London

Es waren Robs letzte, ruhige Augenblicke seliger Unwissenheit, doch in seiner Einfalt empfand er es als unbillig, dass er mit seinen Brüdern und seiner Schwester zu Hause bleiben musste. Es war der Frühlingsbeginn, und die Sonne stand so tief, dass ihre wärmenden Strahlen unter vorstehende Strohdach drangen. Rob rekelte sich auf dem unebenen, steinernen Vorplatz neben der Haustür und genoß die Behaglichkeit. Eine Frau bahnte sich vorsichtig einen Weg auf der mit Löchern übersäten Carpenter’s Street. Die Straße war genauso reparaturbedürftig wie die meisten kleinen Arbeiterhäuser, die sie säumten. Handwerker, die ihren Lebensunterhalt damit verdienten, dass sie für Reichere und vom Glück Begünstigtere solide Häuser bauten, hatten sie ohne jede Sorgfalt gebaut.
Rob enthülste seinen Korb Früherbsen und behielt dabei die jüngeren Geschwister im Auge, für die er verantwortlich war, wenn Mam außer Haus war. Der sechsjährige William Stewart und die vierjährige Anne Mary wühlten neben dem Haus im Schmutz und kicherten beim Spielen. Der achtzehn Monate alte Jonathan Carter lag auf einem Lammfell und schmatzte, rülpste und gluckste zufrieden. Der siebenjährige Samuel Edward war Rob entwischt. Irgendwie gelang es dem schlauen Samuel immer, sich aus dem Staub zu machen, statt bei der Arbeit zu helfen, und Rob hielt verärgert nach ihm Ausschau.
Dann bemerkte er die Frau, die auf ihn zukam. Stäbchen in ihrem schmutzigen Mieder drückten ihren Busen hoch, so dass man manchmal, wenn sie sich bewegte, eine rotgeschminkte Brustwarze sehen konnte. Ihr fleischiges Gesicht war grell geschminkt. Rob war erst neun Jahre alt, aber als Londoner Kind erkannte er eine Dirne sofort. "Du da! Ist das Nathanael Coles Haus?"
Er sah sie abweisend an, denn es war nicht das erst Mal, dass eine Hure an ihre Tür klopfte und seinen Vater suchte. "Wer will das wissen?" fragte er grob. Er war froh, dass sein Pa fort war, um Arbeit zu suchen, so dass sie ihn verpasste, froh auch, dass seine Ma ihre Stickarbeit ablieferte und ihr damit die peinliche Begegnung erspart blieb. 
"Seine Frau braucht ihn. Sie hat mich geschickt."
"Was meinst du mit 'sie braucht ihn'?" Die geschickten jungen Hände hörten auf, Erbsen zu enthülsen.
Die Dirne sah ihn kühl an, denn sie hatte an seinem Ton und Verhalten seine Ablehnung erkannt. "Ist's deine Mutter?"
Er nickte. 
"Sie hat starke Wehen. Sie liegt in Egglestans Stall beim Puddle Dock. Am besten, du suchst deinen Vater und sagst es ihm." Die Frau machte sich wieder auf den Weg.
Der Junge sah sich verzweifelt um. "Samuel!" schrie er, aber der verdammte Samuel war wie gewöhnlich weiß Gott wo. Rob holte William und Anne Mary vom Dreckbuddeln weg. "Gib auf den Kleinen acht, Willum", trug er ihm auf. Dann verließ er das Haus und fing an zu laufen.

Wenn man dem Geschwätz der Leute glauben wollte, dann war das Jahr des Herrn 1021, in dem Agnes Cole zum achtenmal schwanger war, das Jahr des Satans. Verhängnisvolle Ereignisse und Naturkatastrophen kennzeichneten es. Schon im Vorherbst war die Ernte auf den Feldern von bitteren Frösten vernichtet worden, die sogar die Flüsse zum Gefrieren brachten. Es fielen so viele Niederschläge wie nie zuvor, und als das Tauwetter einsetzte, führte die Themse Hochwasser, das Brücken und Häuser wegriss. Sternschnuppen fielen, deren Licht über gepeitschten Winterwolken flackerte, und ein Komet erschien am Himmel.
Agnes hatte ihrem älteren Sohn gesagt, er solle dem Gerede keine Beachtung schenken. Wenn er jedoch etwas Ungewöhnliches sehe oder höre, müsse er ein Kreuz schlagen. In diesem Jahr haderten die Menschen mit Gott, denn die Mißernte hatte schlimme Folgen gehabt. Nathanael war seit über vier Monaten ohne Verdienst und lebte von den schönen Stickarbeiten, die seine geschickte Frau herstellte.


El diablo en Londres


Eran los últimos momentos tranquilos en el feliz estado de no saber, pero en su ingenuidad, Rob consideraba inequitativo que tenía que quedarse en casa con sus hermanos y su hermana. Era el principio de primavera y el sol estaba tan bajo que sus rayos calentadores entraban por el techo de paja que sobresalía un poco. Rob se estiraba en el desigual patio de piedra al lado de la puerta principal y disfrutaba de la comodidad. Una mujer avanzaba con cuidado por la calle Carpenter que estaba llena de agujeros. La calle necesitaba ser reparada igual que la mayoría de las casas pequeñas de los trabajadores que bordeaban la calle. Los obreros que ganaban su dinero construyendo casas sólidas para gente rica o gente con más suerte las habían construido sin cuidado.
Rob descascaba su cesta de guisantes tempranos mientras vigilaba a sus hermanos menores para los cuales era responsable cuando Mamá estaba fuera de casa. William Stewart que tenía 6 años y Anne Mary que tenía 5 años hurgaban en la porquería al lado de la casa y se reían jugando. Jonathan Carter que tenía 18 meses estaba tumbado en una piel de cordero y mamullaba, regoldaba y barboteaba feliz. Samuel Edward que tenía 7 años se había escapado de Rob. Por alguna razón el listo Samuel siempre conseguía despabilarse en vez ayudar con el trabajo y Rob le buscaba con la vista.
En aquel momento notó la mujer que venía hacia él. Palitos en su faja sucia sujetaban su pecho tanto que a veces cuando se movía dejaban ver un pezón pintado de rojo. Su cara carnosa estaban pintada de colores chillones. Rob solo tenía 9 años, pero como niño de Londrés reconocía a una prostituta enseguida.
  – Oye! Es ésta la casa de Nathanael Cole?
La miraba con desprecio porque no fue la primera vez que una prostituta había llamado a la puerta buscando a su padre.
  – Quién lo quiere saber? Preguntó brutamente. Estaba aliviado porque su padre estaba fuera de casa para encontrar trabajo y así la prostituta no lo encontró, aliviado también porque Mamá estaba entregando su bordado y así se perdió ese encuentro embarazoso.
  – Su mujer le necesita. Me ha enviado.
  – ¿Qué quieres decir con „ella le necesita“? Sus manos hábiles y jóvenes dejaron de descascar los guisantes.
La prostituta le miró fríamente porque había notado en su tono y comportamiento su rechazo.
  – ¿Es ella tu madre?
Asintió con la cabeza.
  – Tiene dolores de parto muy fuertes. Está en el establo de Egglestan en el Puddle Dock. Es mejor que vayas a buscar a tu padre y se lo digas. La mujer volvió a emprender la marcha.
El niño miró por su entorno desesperadamente.
  – ¡Samuel! gritó, pero el desgraciado Samuel como siempre estaba donde solo Dios sabe. Rob llamó a William y a Anne Mary de la porquería. Cuida al pequeño, Willum. Le dijo. Luego salió de la casa y empezó a correr.
Si uno quería escuchar y creer lo que decía la gente, entonces el año del señor 1021, en el cual Agnes Cole estaba embarazada por octava vez, era el año de Satanas. Acontecimientos fatales y catástrofes naturales lo marcaban. Ya en los principios de otoño la cosecha en los campos había sido destruida por fuertes heladas que enfriaron hasta ríos. Llovía más que nunca y cuando empezó el deshielo la Támesis sufría una crecida que arrancó puentes y casas. Estrellas fugaces, cuyas luces llameaban sobre nubes de inviernos golpeadas, caían y un cometa aparició en el cielo.
Agnes le había dicho a su hijo mayor que no prestara atención a lo que decía la gente. Sin embargo que se santigue al ver o oír algo raro. Este año la gente reñía con Dios porque la mala cosecha había tenido consecuencias graves. Nathanael llevaba cuatro meses sin trabajo y vivía de los bordados preciosos que fabricaba su hábil mujer.



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