Dienstag, 16. August 2016


Narnia (parte II)

Ihr Abenteuer kam vor allem deshalb zustande, weil der Sommer so verregnet und so kalt war wie schon ewig nicht mehr. Sie mußten sich also im Haus beschäftigen, und so kam es, daß sie sich entschlossen, das Haus zu erforschen. Es ist erstaunlich, was man in einem alten Haus, mit einem Kerzenstummel in der Hand, alles auskundschaften kann. Polly hatte schon vor langer Zeit eine Entdeckung gemacht. Wenn man in der Rumpelkammer unterm Dach eine kleine Tür öffnete, dann kam man zu einer Zisterne mit einem dunklen Gang dahinter. Dort konnte man hineinklettern, wenn man gut achtgab. Wie ein langer Tunnel war dieser Gang, mit einer Ziegelmauer auf der einen und dem schrägen Dach auf der anderen Seite. An manchen Stellen fiel zwischen den Dachschindeln ein bißchen Licht herein. Fußboden gab es allerdings keinen in diesem Gang. Man mußte große Schritte von einem Balken zum nächsten machen, denn dazwischen lag nur der rohe Verputz, durch den man sofort ins darunterliegende Zimmer gebrochen wäre. Direkt neben der Zisterne hatte sich Polly eine Schmugglerhöhle eingerichtet. Sie hatte ein paar Kistenbretter heraufgeschafft, die Sitze von kaputten Küchenstühlen und ähnlichen Sachen. Das alles hatte sie über die Balken gelegt, sozusagen als Fußboden. Hier bewahrte sie eine Geldkassette auf mit allem möglichen Krimskrams. Auch die Geschichte, an der sie gerade schrieb, bewahrte sie dort auf und gelegentlich ein paar Äpfel. Dort oben hatte sie sich oft in aller Ruhe eine Flasche Ingwerbier zu Gemüte geführt, und jetzt, wo die leeren Flaschen herumstanden, sah die Schmugglerhöhle auch viel echter aus. Digory gefiel die Höhle ziemlich gut – Pollys Geschichte bekam er allerdings nicht zu sehen –, aber noch lieber wollte er weiter herumstöbern. 

»Was meinst du wohl, wie weit der Gang geht? Hört er dort auf, wo das nächste Haus anfängt?« erkundigte er sich. 
»Nein. Die Mauern reichen nicht bis ganz hinauf. Der Gang geht also weiter. Aber wie weit, weiß ich auch nicht.« 
»Dann könnten wir ja vielleicht durch alle Häuser laufen, was meinst du?«
»Ich glaube schon«, sagte Polly. »Und – ach, du liebe Güte…« 
»Was?« 
»Wir können ja dann auch in alle anderen Häuser hinein!« 
»Damit man uns für Einbrecher hält? Nein danke!« 
»Reg dich bloß nicht so auf! Ich dachte nur an das Haus neben euch.« 
»Wieso?« 
»Es steht leer. Daddy sagt, es steht schon leer, seit wir hier eingezogen sind.« 
»Dann müssen wir es uns wohl mal ansehen.« 
Digory ließ sich nicht anmerken, wie aufgeregt er war. Natürlich überlegte er, genau wie ihr vielleicht, warum das Haus wohl schon seit Ewigkeiten leerstand. Polly ging es ganz ähnlich. Keiner von beiden sprach aus, was er dachte, nämlich daß es dort ja vielleicht Gespenster gab. Jetzt, wo der Vorschlag schon einmal gemacht worden war, wollte keiner mehr kneifen. 
»Sollen wir uns gleich auf den Weg machen?« fragte Digory. 
»Na gut.« 
»Aber nur, wenn du es auch wirklich willst.« 
»Wenn du dabei bist, dann bin ich auch dabei«, antwortete Polly. 
»Aber woher sollen wir wissen, wie weit wir gehen müssen, bis wir im übernächsten Haus sind?« 

So faßten sie also den Entschluß, erst einmal die Rumpelkammer auszumessen, und zwar mit Schritten, die dem Abstand zwischen zwei Balken entsprachen. Dadurch wußten sie, wieviel Balken es pro Zimmer gab. Dann wollten sie für die Strecke von einer Dachkammer zur nächsten noch vier Balken dazuzählen. Dazu kamen dann für das Zimmer des Dienstmädchens noch einmal genauso viele Balken wie in der Rumpelkammer. Das ergab die Anzahl der Balken pro Haus. Nach der doppelten Strecke hatten sie dann Digorys Haus durchquert. Die nächste Tür dahinter mußte auf den Dachboden des leerstehenden Hauses führen.

Mi traducción:

Su aventura fue posible sobre todo porque el verano era tan llovedoso y tan frío como no lo había sido durante mucho tiempo. Por eso se tenían que ocupar en la casa y así decidieron explorarla. Es sorprendente lo que puedes explorar en una casa vieja con una vela pequeña en la mano. Polly había descubierto algo ya hacía mucho tiempo. Si abrías una puerta pequeña en la cuarto trastero bajo el techo llegabas a una cisterna con un pasillo oscuro detrás. Si tenías cuidado, podías entrar escalando. Ese pasillo era como un túnel largo con una pared de ladrillo por un lado y el techo inclinado por el otro. En algunas partes entre las ripías del techo entraba un poco de luz. Sin embargo no había suelo en ese pasillo. Había que hacer pasos grandes de una viga a otra porque entre ellas solo existía el revoque bruto por el cual habrías caído enseguida a la habitación de debajo. Justo al lado de la cisterna Polly se había construido una cueva de contrabandistas. Había traído tablas de una caja, asientos de sillas rotas de la cocina y cosas parecidas. Todo eso había puesto sobre las vigas como un suelo. Allí guardaba una caja de caudales con muchos chismes. También guardaba allí la historia que estaba escribiendo y de vez en cuando algunas manzanas. Muchas veces había tomado tranquilamente una botella de cerveza de jengibre allí arriba y ahora como había muchas botellas vacías la cueva de contrabandistas parecía mucho más real.
A Digory le gustaba mucho la cueva, sin embargo no llegaba a ver la historia de Polly, pero prefería explorar un poco más. 

– ¿Hasta dónde crees que llega el pasillo?¿Acaba dónde empieza otra casa?– preguntaba
– No. Los muros no llegan hasta arriba del todo. Por tanto, el pasillo llega más lejos. Pero hasta dónde, no sé.
– ¿Entonces a lo mejor podemos caminar por todas las casas, qué crees?
– Creo que sí– dijo Polly– Y, dios mío...
– ¿Qué?
– ¡Entonces podemos entrar en todas las casas!
– ¿Para que nos creen ladrones?¡ No gracias!
– ¡No te irrites! Solo había pensado en la casa al lado vuestro.
– ¿Por qué?
– Está vacía. Padre dijo que había estado vacía desde que nos mudamos aquí.
– Entonces tenemos que mirarlo.

Digory no dejaba ver lo excitado que estaba. Naturalmente estaba pensando, como a lo mejor vosotros, en por qué la casa había estado vacía desde tanto tiempo. A Polly le pasaba lo mismo. Ninguno de los dos dijo lo que estaba pensando, o sea que a lo mejor allí existían fantasmas. Ahora como la propuesta ya estaba hecha, ninguno quería escurrir el bulto. 

– ¿Vamos ahora?
– Vale.
– Pero solo si de verdad quieres.
– Si tú vas, yo también– respondió Polly.
– ¿Pero cómo podemos saber hasta dónde caminar para estar en la casa subsiguiente?

Así primero tomaron la decisión de medir el cuarto trastero con pasos que correspondían a la distancia entre dos vigas. Entonces sabían cuántas vigas tenía cada cuarto. Querían añadir cuatro vigas a la distancia de una guardilla a la otra. A eso se sumó la misma cantidad de vigas del cuarto trastero por la habitación de la criada. Eso daba la cantidad de vigas por casa. Después de la doble distancia habían pasado por la casa de Digory. La próxima puerta tendría que llevar al desván de la casa vacía.



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