La mosca que se llamaba Pepe (parte II)
Fue el día del cumpleaños de Julia, Lidón, Marisa, Pedro, Manuel y Antonio. Preparamos
una gran fiesta y yo estaba encargado del pastel. Como siempre fui a
la pastelería para recogar una miga de un pastel hecho para humanos. La pastelera es nuestra amiga
y cada día nos guarda una miga que podemos usar como pastel. Obviamente tuve que llevar una
carretilla porque una miga que sirve de pastel para tantas moscas es bastante grande. Fabricamos esa
carretilla con unos palillos, un céntimo y dos cuentas de vídrio. Y fue por ese
céntimo que mi vida cambió.
Ese
día estaba andando a la pastelería porque con la carretilla no podía volar.
Justo cuando estaba cruzando la calle noté una sombra sobre mí. Horrorizado vi
una mano acercándose a mí con mucha velocidad. Entonces esa mano, que
pertenecía a un hombre muy grande, cogió el céntimo y lo levantó. Yo estaba indignado por eso y quería proteger
mi carretilla. Por eso no dejé de sujetarla. El hombre dejó caer al
céntimo en su bolsillo de chaqueta y como todavía me agarraba a él yo también caí
allí dentro.
No
fui capaz de volar hacia fuera y así tuve que ir con el hombre. Ese se sentó
dentro de una camioneta y empezó a conducir. Fue solo en la camioneta que pude
escapar, pero por desgracia el conductor no había abierto ninguna ventana. Así
empezó el largo viaje que me iba a llevar hasta Alemania porque durante todo
ese trayecto nunca tuve la oportunidad de escapar y voler a casa.
Cuando
el conductor finalmente aparcó la camioneta, salí de ella. Fuera me esperó un mundo totalmente diferente a lo que estaba acostumbrado. Un mundo muy frío y muy blanco. Al principio pensaba que ese lugar había perdido todos los colores. Luego me di cuenta de que ese mundo sí que tenía color, pero que algo blanco que caía del cielo lo cubría todo. Tras pensar un poco decidí que debía ser esa nieve de la que cantamos en el villancico "blanca navidad". Nunca pensaba que era tan fría la nieve.
Decidí investigar ese lugar tan extraño para saber dónde me encontraba y cuánto tiempo necesitaba para volar a casa. La primera mosca que vi volaba a toda velocidad y cuando la quería preguntar algo, solo me señaló a su reloj y se fue. Obviamente no tenía tiempo para mí. Con la siguiente mosca pasó lo mismo. Me parecía muy raro. De dónde soy yo la gente siempre tiene tiempo. Finalmente se paró una mosca y la pregunté dónde me encontraba. La mosca (era una chica y me pareció muy guapa) se sorprendió mucho porque hablaba español. Me contó que ya no me encontraba en España sino en Alemania y que aquí la gente hablaba alemán. Tuve mucha suerte haber encontrado a ella porque había hecho un intercambio con una escuela de Madrid y por eso sabía algo de español. Dijo que se llamaba Annika y que me quería ayudar.
La próxima vez te voy a contar cómo Annika me mostró su país y las cosas que me pasaron allí.
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