Mittwoch, 28. Dezember 2016

La mosca que se llamaba Pepe

La historia que te quiero contar sucedió en invierno del año pasado. Por una acción pequeñita mi mundo entero cambió. Es una historia triste, graciosa e increíble.

Sin embargo, para entenderlo todo quiero empezar con el principio: Me llamo Pepe. Soy uno de los 2435 hijos de María Josefa y Alejandro Felipe Muscidae. Tuve una infancia muy feliz, aunque mis padres no podían pasar mucho tiempo conmigo solo. Pero siempre lo he entendido. Imagínate cuánto tiempo se necesita para bañar 2435 hijos cada noche, darles de comer, leerles una historia antes de dormir y darles un beso a todos. Imáginate el montón de pañales y de calcetínes que mis padres tenían que lavar.

Nuestra familia siempre era muy alegre: cada día celebramos varios cumpleaños y nadie tenía que estar solo porque siempre teníamos alguien con quien jugar. Las vacaciones eran mis momentos favoritos. Siempre era una aventura. Cada miembro de la familia viajaba al mismo tiempo con una maleta pequeñita al pueblo de mi abuelo. Obviamente los más pequeños no tenían que llevar la maleta, solo su peluche. Allí en el pueblo de mi abuelo pasamos muchos tiempos felices bañándonos, comiendo muchísimo y jugando todo el día.

Alejandro junior, Enrico, Juan, Juan Antonio, Isaac y yo éramos los payasos de la familia. Te voy a contar una broma que le gastamos a nuestro papá: papá siempre odiaba papel y una vez los séis pusimos parte de un periódico en su cama. Cuando se fue a la cama todos oímos un grito. El pobre papá se había tumbado sin mirar y le dio tanto asco estar en la cama con el periódico que nos echó muchísimo la bronca. Sin embargo, después de unos minutos cuando el susto había pasado, también se rió con nosotros. 
Enrico y yo nos parecemos bastante. Un día en clase pretendí ser él y él pretendió ser yo. La profesora no se dio cuenta durante todo el día hasta que por la tarde nuestro madre nos quería recoger. Entonces la profesora le comentó algo sobre Enrico a mi madre señalándo en mi dirección. El problema era que mi madre obviamente nos conoce y nos podía distinguir hasta en la oscuridad. Y así nuestra broma fue descubierta.

Bueno, por ahora eso es suficiente sobre mi infancia. En la próxima entrada te quiero contar algo que pasó cuando ya era adolescente. 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen